Capítulo 3: Atada por las Sombras
Cuando entré al baño, la presencia de mi madre se sentía como el único hilo que me mantenía unida a la realidad. No dijo mucho, no necesitaba hacerlo.
Sus brazos alrededor de mí y el ritmo constante de su corazón fueron suficientes para calmar la tormenta que rugía dentro de mí. El agua tibia corría sobre mi piel como si pudiera lavar la tensión.
Pero no podía. No lo hizo.
Mis pensamientos eran un torbellino. No podía asimilar todo lo que había pasado. Demasiadas cosas sucediendo al mismo tiempo, demasiadas personas en las que había confiado. Pero aquí, en este momento, nada de eso importaba. Las manos de mi madre estaban en mi cabello, y su voz suave se sentía como lo único real.

"Eres fuerte, hija," murmuró, las palabras hundiéndose en mí como una promesa.
Quería creerla, pero no estaba segura de si era lo suficientemente fuerte.
¿Cómo podría serlo?
Permanecimos allí durante lo que parecieron horas, envueltas en silencio, dejando que el mundo exterior se desvaneciera. Ya no estaba llorando cuando finalmente salí de la ducha. Pero el peso de la decisión que tenía que tomar seguía presionando fuertemente en mi pecho.
Hice una maleta ligera, ropa sencilla, nada que me atara a esta vida.
Al día siguiente, la casa estaba en silencio, contrastando bruscamente con el caos dentro de mí. Mi padre me entregó mi teléfono, sus manos rígidas, su rostro inexpresivo.
"Déjame guardar el número de Alexei por ti," dijo, su voz tan fría como los suelos de mármol debajo de nosotros.
Sin abrazos. Sin promesas. Ni una sola palabra de consuelo. Todos sabíamos por qué me marchaba.
Pensaban que me estaban protegiendo. Pensaban que me estaban haciendo segura. ¿Y yo?
Estaba entrando en una jaula.
El jet privado se cernía en el aeropuerto como una bestia esperando devorarme entera. Alexei había organizado el vuelo, pero todo había cambiado. Nada se sentía familiar.





