Por un breve momento, Belinda vio algo que no esperaba: vulnerabilidad. El hombre que una vez parecía tan intocable e invencible ahora estaba frente a ella, una grieta en su fachada, tan quebrado como ella.
Pero ella no estaba aquí para salvarlo más. Estaba aquí para salvarse a sí misma.
Sus manos temblaban a sus costados, pero su determinación era innegable. “Ya has tomado tus decisiones, Lucas. Y yo las mías. Tú elegiste a ella.” Señaló hacia la entrada, donde Verena seguía de pie, observando en silencio. “Yo elegí irme.”
La mandíbula de Lucas se tensó, los músculos trabajando bajo su piel. “¿Crees que ella es lo que quieres?” Su voz era ahora un gruñido. “¿Crees que será suficiente para llenar el vacío?”
Belinda no se inmutó. “No la necesito. No necesito a nadie para llenar nada. He pasado demasiado tiempo tratando de encajar en una vida que no era mía. Ya no quiero ser la mujer en la que intentaste convertirme.”
Por un largo momento, Lucas no dijo nada. Sus ojos estaban fijos en ella, estudiándola con una intensidad casi invasiva. Pero luego, algo cambió. La dureza en su expresión se suavizó apenas un poco, como una presa que liberaba años de emoción cont...





