Allí, apoyado despreocupadamente contra la pared, estaba una figura que no esperaba ver. Lucas.
El simple hecho de verlo: la forma en que estaba de pie, la gracia en su postura, bastó para detenerle el corazón. Sus miradas se cruzaron a través de la distancia. El tiempo pareció estirarse por un instante, el peso de tres años presionando.
Ella apartó la mirada primero, pasando junto a él como si no lo hubiera notado. Pero el aire entre ellos era denso, chispeante de algo no dicho.
“Espera,” la voz de Lucas cortó el silencio.
Belinda detuvo su cuerpo tenso. No estaba dispuesta a enfrentarle pero no podía irse. Se giró lentamente, sus ojos encontrando los suyos nuevamente, su expresión indescifrable.
“¿Puedo ayudarte en algo, señor?” Su voz era suave, casi musical, pero contenía un matiz desafiante.
El corazón de Belinda latía desbocado en su pecho, pero no dejó que se notara. Había pensado que tres años separados habrían sido suficientes para enterrarlo todo: él, el dolor, los recuerdos. Pero verlo ahora, tan cerca, sentía como si nada hubiera cambiado y como si la herida que él dejó solo hubiera estado esperando el momento adecuado para reabrirse.
La mirada de Lucas se oscureció al acercarse, sus ojos estrechándose con una intensidad que aceleró el pulso de Belinda. Sus labios se curvaron en una sonrisa fría e irónica. "Belinda, ¿ahora tienes amnesia?"
Las palabras le golpearon como una bofetada. Por un instante, quedó paralizada, aturdida. ¿Recordaba él?
Su sorpresa se reflejó brevemente en sus ojos, pero rápidamente la ocultó. "¿Necesitas algo, Sr. Clark?"
La sonrisa de Lucas se transformó en algo más afilado. "¿Dejaste de fingir?"
Belinda sintió que la respiración se le cortaba, pero no se inmutó. "Considerando que me reconociste," respondió con una pequeña sonrisa, "no tenía sentido seguir con la farsa."
Lucas avanzó, cerrando el espacio entre ellos hasta que estuvieron a escasas pulgadas de distancia. Su mirada se clavó en la suya, y el aire entre ellos se volvió tenso.
"Belinda," murmuró, su voz baja y peligrosa. "¿Pensaste que al huir hace tres años podías evitar nuestro divorcio?"
Su corazón latía con fuerza en su pecho. Los años separados no habían logrado borrar la conexión entre ellos. Y ahora, de pie frente a él, sabía que lo que sucediera a continuación cambiaría todo.
Ya no había escapatoria. Ni fingimientos.
La única pregunta que quedaba era si estaba lista para enfrentar la tormenta que él estaba a punto de desatar.





